Después de mucho buscar, rastreando por las inmobiliarias, pero sobre todo en webs especializadas, he encontrado una casa que encaja con mis necesidades: la zona es la ideal, tiene justo el número de habitaciones que quería y coincide con el precio que estoy dispuesto a pagar.

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Lo primero que me ha llamado la atención son las fotos. Dan una idea bastante buena de cómo es la vivienda. He visto varias de cada estancia, tomadas desde diferentes ángulos. Además, me ha resultado muy agradable lo bonitas que son. Ya estaba harto de ver imágenes feas, desenfocadas y mal hechas. Estas, en cambio, me han producido muy buena impresión.

Lo mejor de todo, es que cuando he visto la casa, tenía la sensación de que ya la conocía. No me era, ni mucho menos, extraña. Según recorría las habitaciones me resultaban familiares gracias a las fotos que había podido consultar en la web. Obviamente no todo es como lo había imaginado en mi cabeza, pero creo que hasta eso es bueno, porque me deja hacer volar un poco más mi imaginación.

Todo estaba bien cuidado y decorado con buen gusto. Me he encontrado con que había pocos muebles y escasa decoración, pero todo muy bien puesto. Mejor así, porque me permitía hacerme una idea de cómo quedaría con las cosas que realmente me gustan; con mis cosas.

Ni siquiera me ha hecho falta usar un metro, porque los pocos enseres que había ayudaban a calcular de manera bastante acertada las proporciones de todos los espacios. Me ha sido fácil imaginarme con mi familia viviendo en esta casa.

Dicen que la primera impresión es la que cuenta. Y la mía ha sido muy positiva. Obviamente quedan pasos que dar, pero mi impulso más inmediato es decir sí, porque esta es la casa que quiero.

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